Si pudiera, comería pan solo todo el día… El pan bien hecho con el sabor de siempre me vuelve loca. Por suerte es un oficio que ha vuelto a renacer y cada vez hay más panaderías que han dejado de vender el pan industrial y han vuelto al tradicional. A mí me encanta amasar, me relaja. No me cuesta nada ponerme, pero si tengo un día de sapos y culebras ¡amaso y pierdo el mundo de vista!… Me quedo nueva cuando termino y encima: pan recién hecho. Yo lo hago en espiga para pellizcar cada trozo sin utilizar cuchillo, pero si lo preferís haced una barra.

275 gr de harina de fuerza ecológica
1 cucharada de aceite
180 ml de agua tibia
1 sobre de levadura para pan
1 cucharadita de sal
Sal gorda
En un bol, poned la harina, la levadura, el agua y la sal y mezclar bien.
En una superficie de trabajo, espolvorear harina, volcar la mezcla del bol.
Amasar durante 10 minutos, tiene que quedar liso y suave. Si lo hacéis con amasadora 5 minutos (pero no relaja tanto).
Hacer rodar la masa hasta tener una barra.
En una bandeja de horno poned papel sulfurizado y la barra de pan encima.
Tapar con un paño de algodón limpio y dejar en un lugar cálido sin corriente de aire de 30 a 45 minutos para que fermente.
Una vez haya fermentado, con una tijera cortar trozos, pero sin llegar abajo, no tiene que separarse, e ir girando uno hacia la derecha otro hacia la izquierda, formando la espiga.
Untar con un poco de aceite por encima (con cariño que no se baje) y echarle sal gorda en cada trozo para decorar.
Tened precalentado el horno a 200-210º
Pulverizar el horno con un espray de agua y meter enseguida el pan.
Cocer 30 minutos. Enfriar en una rejilla.