La base que utilizo para hacer quesos la aprendí del libro de Miyoko Schinner, que me regaló mi marido, pero no los hago igual: añado, quito o cambio y les doy mi toque personal. Después de probar mucho, tirar mucho, llorar mucho y decir que en casa no se comería queso vegano hecho por mí… Por fin salieron. ¡El amor propio puede con todo! Espero que los disfrutéis

2 tazas de anacardos crudos remojados en agua 8 horas, escurridos y lavados
½ taza de Rejuvelac
1 cucharadita de sal
3 cucharadas bien completas de olivas Kalamata sin hueso
En un vaso batidor, poner los anacardos bien escurridos, el Rejuvelac y la sal. Batir los ingredientes hasta que la masa quede cremosa.
Pasar la mezcla a un bol o táper de cristal, cubrir con papel film o tapa y dejar fermentar a temperatura ambiente 24 horas (si hace mucho calor, estará menos).
Pasar la masa fermentada de nuevo a un vaso batidor, añadir las olivas y volver a triturar bien.
Poner el queso en un bol, taparlo y a la nevera.
Es ideal para hacer el aperitivo, untar en rebanaditas de pan, en bocadillo…