Este fantástico plato es del norte de África y admite muchas variantes. Hay quien pone limón confitado o queso feta, o huevo… A nosotros nos gusta tal cual, sin añadir nada de lo que os he mencionado antes. Es un plato que me encanta como entrante, aunque también podría servir como acompañamiento de, por ejemplo, un seitán empanado. Hacedlo como más os guste, pero hacedlo 😊 y sobre todo que no falte un buen pan blanco para acompañarlo… Se puede hacer el día antes si queréis. Seguro que os encanta.

2 pimientos rojos
2 pimientos amarillos
2 cebollas grandes
½ cucharadita de semillas de comino
150 ml de aceite de oliva virgen extra
2 hojas de laurel
6 ramitas de tomillo fresco (sólo las hojas) o 1 cucharadita de seco
2 cucharadas de perejil fresco picado
2 cucharadas de cilantro fresco picado + un poco para decorar
6 tomates maduros o tomate frito hecho en casa
1 pellizco generoso de azafrán
1 pellizco de cayena (opcional)
1 vasito de agua
Sal
Pimienta negra recién molida
Cortar la cebolla y los pimientos en juliana.
En una sartén o cazuela grande tostar las semillas de comino a fuego fuerte. Cuando esté tostado (cuidado que no se quemen o amargarán), añadir el aceite y las cebollas, saltear 5 minutos.
Agregar los pimientos y las hierbas (laurel, tomillo, cilantro y perejil) y sofreír a fuego alto unos 5 o 10m.
Añadir los tomates, el azafrán, la cayena, sal y pimienta. Bajar el fuego al mínimo y seguir cocinando unos 15 minutos más. Ir añadiendo agua de poquitos en poquitos. Debe tener la consistencia de salsa para un plato de pasta.
Probar de sal.
Retirar las hojas de laurel. Servir en los platos o cazuelitas individuales y decorar con el cilantro picado.