Estamos en plena temporada de alcachofas, no me cansaría de comerlas, es una verdura que me chifla, guisada en cualquiera de sus formas (y procuro hacer todas ellas) ¡Y una de ellas es en tortilla… con una cervecita bien fría… ufff! toco el cielo. Tengo la suerte de poder comprárselas directamente al agricultor, para mí es añadir más encanto, frescura y sabor a esta verdura porque no pasa por cámaras, además de ayudar directamente al agricultor/es, que necesitan que les echemos una mano. No nos damos cuenta de que, sin ellos no comeríamos, ni los veganos ni los omnívoros y las grandes empresas abusan pagando mal su trabajo. Os pondré alguna receta más de alcachofas, pero de momento os traigo esta delicia. ¡Espero que la disfrutéis!

7 alcachofas (según el tamaño de la tortilla que quieras)
1 cebolla no muy grande
1 manojo de ajos tiernos
4 cucharadas de aceite de oliva virgen
Sal
Sal negra del Himalaya (Kala Namak)
5-6 cucharadas harina de garbanzo
1 limón
Agua necesaria
1 chorrito de leche vegetal
Preparar un bol con agua y el zumo de medio limón.
Limpiar las alcachofas quitando las hojas exteriores, cortar la punta, partir por la mitad y quitar los pelitos de dentro si tuviera.
Ir echándolas en el agua con limón para que no se oxiden.
Cortar la cebolla en juliana fina, limpiar los ajos y cortar en rodajas de ½ centímetro más o menos.
En una sartén poner el aceite y cuando esté caliente echar la cebolla y los ajos. Dejarla 2 minutos y echar las alcachofas escurridas y cortadas en gajos finos. Mezclar y añadirle la sal normal. Cocinar a fuego medio-bajo hasta que las alcachofas estén bien tiernas.
En un bol, poner la harina de garbanzo, la sal negra Kala Namak (tiene sabor a huevo), un chorrito de zumo de limón, añadir agua e ir batiendo, echar el chorrito de leche vegetal (2 o 3 cucharadas), seguir batiendo. Si es necesario ir añadiendo agua hasta obtener la textura de huevo batido, más líquido que espeso.
Cuando las alcachofas estén, echarle el “huevo” y cuajar como cualquier tortilla, darle la vuelta y seguir cuajando. Servir y acompañar con un buen pan de masa madre untado con tomate, aceite de oliva virgen extra y sal… y no olvidéis comerla con una cervecita bien fría (si no bebéis alcohol, que sea 0,0… si os gusta la cerveza claro).